La luz pálida del amanecer se filtraba por las ventanas del despacho de Carttal, proyectando sombras alargadas sobre el suelo de mármol. La mansión, normalmente un símbolo de control y poder, ahora se sentía como una prisión asfixiante. El aire estaba cargado de tensión y frustración.
Ethan permanecía en silencio, apoyado contra la pared, observando a su jefe con cautela. Carttal, con el rostro pálido por la pérdida de sangre y las horas de insomnio, no dejaba de repasar mapas y registros. Cada