La noche cayó sobre la mansión, envolviéndola en una brisa fresca y una oscuridad apacible. En la terraza, iluminada por faroles antiguos y la luz de la luna, Aslin, Carttal, Edrien y las gemelas se acomodaron en una gran alfombra rodeados de cojines, mientras los bebés dormían cerca y Ethan observaba desde un costado, atento a cualquier necesidad de su maestro.
—¡Es noche de historias de terror! —exclamó Leonora con una sonrisa traviesa—. Y yo seré la primera en contar una.
Edrien se recostó c