La tarde siguiente, el jardín de la mansión estaba adornado con guirnaldas de flores frescas y banderines de colores suaves que danzaban con la brisa cálida. La luz dorada del atardecer bañaba el espacio, creando una atmósfera mágica y acogedora. Las mesas estaban cubiertas con manteles blancos, y en ellas se disponían platos con frutas exóticas, pasteles, y otras delicias. Todo estaba listo para celebrar la llegada de los tres pequeños: Isabella, Noah y Líam, los nuevos miembros de la familia.