Capítulo XXXI. Contactos que descolocan.
Yvaine.
Me subí al coche y junto a Kim nos dirigimos a uno de los bares más exclusivos, donde solía ir mi díscola amiga, cuando hacía pases en Nueva York.
-” Bueno, Yvaine, comienza a contar y no te dejes nada”- fue así como acabe esa noche, llorando en brazos de mi amiga, medio borracha, mientras le contaba que había sucedido y como mi maravilloso marido, me habías hecho salir del shock en el que me encontraba. Aunque, en varias ocasiones tuve que agarrar a una Kim borracha, que quería cortarl