UN TERAPEUTA MALO II
Me miró, con el odio estampado en los ojos:
— ¿Qué quieres de mí, al final?
«Quiero ver tu culo. Así de simple». Me encantaban las trampas que me tendía mi mente y la forma en que tenía que controlar mi lengua.
— Estoy vigilando cada uno de tus pasos, señorita Lorenz.
— Yo… solo soy una mujer normal, que intenta seguir con su vida con un trabajo… normal. ¿Por qué vigilarme? ¿Qué peligro puedo representar para usted?
Reí, sarcástico:
— Buenas noches, Cenicienta, encuentro «c