No fantaseé que Enzo pudiera estar con uno de sus Ferraris. Pero tampoco se me pasó por la cabeza que viniera en moto.
Cuando vi aquella máquina, me quedé inmóvil. Carajo, ¿iba a ser llevada a casa en moto por Enzo Asheton?
Enzo me entregó un casco y se puso el suyo. No pude evitar preguntar:
— ¿Tú... siempre andas con un casco de repuesto?
Tardó unos segundos en responder, con una sonrisa:
— Sí. Nunca se sabe cómo va a terminar la noche.
¡Desgraciado! Era yo, pero podría haber sido cualquiera.