DE 40 A 110 GRADOS
La mansión había sido evacuada. Le pedí a Pietra que me sirviera una dosis doble de whisky y me senté en el sillón de mi despacho, fingiendo que intentaba emborracharme.
Bebí un sorbo, sabiendo que si había veneno, esa cantidad ingerida no me mataría, aunque podría hacer un buen destrozo.
Arrojé el vaso contra la pared y lo vi hacerse añicos en mil pedazos.
Me levanté y fui hasta el pasillo, cerca de la escalera:
— Pietra, necesito otra dosis — grité.
Esperé hasta que me la t