AS CONFESIONES MÁS ÍNTIMAS
Enzo se sentó en la cama y me atrajo hacia su regazo. Otra vez mis piernas encontraron lugar en sus caderas y mis brazos lo envolvieron. Nuestras miradas se encontraron y nos quedamos allí, sin decir nada, mientras él acariciaba lentamente mi espalda.
— Como nunca te acostaste con otra persona… creo que es hora de que te muestre todas las posiciones posibles.
— Puedo ser un juguete muy articulable.
— ¿Siempre tienes respuesta para todo?
— La mayoría de las veces —reí.