Media hora más tarde, me encuentro cómodamente sentada en un sillón reclinable en la esquina de la sala de estar, inmersa en la lectura de un libro mientras estudio. De repente, percibo unos pasos acercándose.
Alzo la vista del libro y me encuentro con la mirada severa de David. Me desconcierta. ¿Por qué me mira así? ¿Qué hice ahora?
—¿Qué se supone que estás haciendo? —suelta con un tono mordaz.
—¿No es obvio? —respondo, levantando una ceja mientras señalo el libro con mi mano. —Estoy estudian