8. Mentiras
El teléfono que le dio no parece de una oficina, mejor dicho parece de su teléfono personal. Al tercer tono contestó.
— ¿Hola? ¿Con quién hablo?
— Señor Walter, soy Charlotte Adams —anunció, limpiando sus lágrimas.
— Sí, Charlotte, ¿qué deseas? —contestó, interesado.
— Acepto su propuesta para hacer la niñera de su hijo —Damián no pudo evitar sonreír.
— ¿Y qué te hizo cambiar de opinión tan rápido? —cuestionó, recostándose en su escritorio.
— Necesito dinero para algo —se recostó.
— ¿Y para qué