58. Soy tu amo y señor
— ¿Estás lista? —preguntó, acariciando su cabello.
— Sí, señor —respondió, confiada. Damián asintió y se levantó de allí. En el salón había un silencio total en esos momentos.
— Posición de reposo —ordenó serio y ella obedeció.
Charlotte no esperó a que Damián se lo repitiera dos veces y cayó de rodillas al piso de inmediato.
Damián se dirigió a la mesa que estaba allí y tomó unas esposas color rojo vino y se las colocó a Charlotte en la parte del frente para que le sea más fácil utilizarlas.