ADRIÁN
Bianca luce como una niña a la que le han cumplido todos sus caprichos. Y, siendo sincero, así ha sido. Desde que abrió los ojos esta mañana, todos nos hemos encargado de que este día gire únicamente en torno a ella. Ahora camina a mi lado con un enorme algodón de azúcar entre las manos, del que va mordiendo pequeños trozos con una satisfacción que resulta contagiosa. Debo admitir que está bastante bueno, aunque jamás se lo diré.
A unos metros de nosotros, mi madre se ha encaprichado con