BIANCA
Todos nos quedamos inmóviles.
El disparo retumba en mis oídos incluso varios segundos después de que el anciano baja la escopeta. Mantengo el palo en alto, lista para golpear nuevamente, pero el estruendo basta para devolverme algo de sentido común.
A mi alrededor los hombres también parecen recordar de golpe que son adultos.
O al menos algunos.
Las luces azules y rojas comienzan a reflejarse sobre las camionetas estacionadas y el sonido característico de las sirenas termina de romper el