La mañana de Navidad continuó con una alegría inquebrantable, llena de risas, abrazos y, por supuesto, regalos. William, no contento con abrir sus propios obsequios, corrió al teléfono con la emoción de un niño al que se le acaba de ocurrir una gran idea.
—¡Voy a llamar a Valentina! —dijo William, dándole a Winnie y Benjamín una mirada cómplice. Con su energía desbordante, comenzó a marcar el número en el teléfono de casa, mientras sus padres se relajaban junto a la mesa, observando la escena c