El beso aunque forzado y desesperado, fue suficiente para que Benjamín se detuviera, incluso por un breve instante. Pero la verdad era que nada iba a cambiar su decisión.
Él apartó a Wanda con brusquedad, empujándola levemente hacia atrás, con el rostro desencajado por la furia.
—¡No me hagas esto! —dijo Benjamín, ahora claramente irritado.
Su respiración estaba agitada, y su mirada reflejaba la rabia que sentía hacia ella—. Estoy casado, tengo una familia. Ya no soy tuyo, no te pertenezco. ¡No