—Lo sé, Winnie. Lo sé.
Antes de que pudieran decir más, la risa de William y el bullicio de los demás llegó desde abajo, recordándoles que el día no podía detenerse. La familia, aunque unida por los desafíos, seguía adelante con el mismo amor y alegría que siempre había sido su base.
Winnie se apartó ligeramente de Benjamín, y, con una sonrisa tranquila, añadió:
—Vamos, no dejemos que esto nos arruine la Navidad. Emma y William nos están esperando.
Ambos salieron de la habitación y bajaron las