—Mierda, esto apesta maldita sea.
El frío de la celda no era nada comparado con el frío que sentía en el alma. La soledad me daba tiempo para pensar, y aunque siempre creí que era un hombre que sabía cómo manejar sus emociones, ahora era evidente que no podía escapar de los recuerdos que me atormentaban. Winnie... William... todo lo que tuve y lo que destruí con mis propias manos.
Siempre fui un hombre orgulloso, o al menos eso creía. Cuando conocí a Winnie, ella era todo lo que un hombre podía