La nieve caía como en esas películas navideñas cursis que tanto me gustan, cubriendo todo con un blanco perfecto. Desde la ventana de la sala, veía a Benjamín y William cargando cajas del desván, luchando con el peso como si estuvieran en una misión épica. Emma de dos meses de nacida, dormía en mis brazos, completamente ajena al caos que sus dos hombres favoritos estaban a punto de causar.
—¿Estás seguro que no romperás las luces, William? ¿Y no llorarás cuando termine de decorar? Si no estás s