Marina sintió un nudo en el pecho; nuevamente volvía a escuchar aquello y, honestamente, esta vez no quería quedarse con aquella duda, por lo que sin pensar preguntó:
—¿Qué le ocurrió?
Sebastián dejó por un momento de masajear los pies hinchados de Marina y dijo:
—Mi hermana tenía 17 años, cursaba los últimos meses de preparatoria cuando conoció al hombre que se volvería su perdición. Aún sigo preguntándome ¿Cómo fue que el destino los dejó conocerse. Si tú los hubieras visto, ambos eran tan dif