Volví a casa un poco antes y empecé a empacar mis cosas.
Fui a la cocina, saqué los ingredientes y me puse a hacer la cena.
Cuando casi estaba lista, Caleb llegó a casa.
Se sentó en silencio a la mesa, observándome mientras me ocupaba con las ollas y sartenes.
Le puse un plato humeante de tacos de pollo. Lo miré mientras devoraba frente a mí.
Cada bocado parecía decirme lo mucho que le gustaba.
—Mali, tranquila. Esa gente … ya no te va a molestar más —dijo Caleb, como si hablara del clima.
Al ve