Lila/Elena
Un silencio denso y asfixiante se pegaba a la habitación como niebla pesada y sucia. La tensión, fría como hielo, cubría el aire como una manta gruesa.
Ninguno habló.
Solo nos quedamos ahí, mirándonos con los ojos muy abiertos: conocidos, pero a la vez extraños.
Siempre había imaginado que, cuando volviera a ver a mi hermana después de que me matara, estaría preparada.
Pero allí, atrapada entre las dos personas que destruyeron mi vida anterior, comprendí lo equivocada que estaba.
La