Elena
Intenté gritar, pero el sonido salió amortiguado mientras la mano se cerraba con más fuerza sobre mi boca. El pánico explotó dentro de mí. Pataleé y me debatí, mis uñas arañando piel áspera, pero otro brazo me rodeó desde atrás, fuerte e implacable, tirando de mí hacia atrás como si no pesara nada.
Me esforcé más, con el pecho ardiéndome, pero fue inútil.
Me arrastraron por el suelo y me empujaron dentro de una de las habitaciones vacías. La puerta se cerró de golpe detrás de nosotros con un estruendo que resonó por todo el edificio. Mis rodillas flaquearon, y antes de que pudiera reaccionar, unas manos rudas me obligaron a sentarme en una silla.
Las lágrimas corrían por mi rostro mientras él ataba mis muñecas y tobillos con rapidez. Las cuerdas se clavaban en mi piel, cortando la circulación, haciendo que cada movimiento doliera. Sollozaba abiertamente ahora, el miedo tragándome por completo.
El hombre se colocó frente a mí, con el rostro aún cubierto por una máscara.
Mi cora