Elena
Sharon y yo mantuvimos la mirada fija la una en la otra durante lo que pareció una eternidad.
El tiempo se ralentizó, se estiró hasta volverse fino entre nosotras. Sus ojos estaban muy abiertos, congelados, escudriñando mi rostro como si intentara ubicar un recuerdo que casi lograba recordar. Por una fracción de segundo, algo destelló dentro de ella: confusión, miedo, dolor. Me emocionó… y al mismo tiempo me inquietó.
Fui yo quien rompió el contacto visual primero.
Giré la cabeza lentamen