—Gracias.
—No me agradezcas. No lo hago por ti.
—Lo sé.
—No voy a quitarle a Mateo la posibilidad de conocerte porque yo esté rota. Pero tampoco voy a dejar que uses su cariño para acercarte a mí.
—No voy a usarlo.
—Más te vale, porque lo único que todavía sé proteger sin dudar es a mi hijo.
Damián