Damián se acercó un poco, mirando la pantalla conmigo.
—No tienes que pegarla.
—Ya sé.
—Ni mostrarla.
—Ya sé.
—Ni convertirla en promesa.
Lo miré de lado.
—Damián, cállate antes de que me arrepienta por exceso de consideración.
Sofía chasqueó los dedos.
—Por fin alguien lo dice. El hombre está a una