Capítulo 239
Cuando volví, le puse el plato en la mesa.

—Come.

—Eso sonó a orden.

—Es una orden medicinal. Permitida.

—Entiendo.

Comió despacio. Yo me senté en una silla frente a él y abrí una galleta, más por nervios que por hambre. Durante un rato solo se escuchó el sonido de la cuchara y la ciudad al otro lad
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