Cuando volví, le puse el plato en la mesa.
—Come.
—Eso sonó a orden.
—Es una orden medicinal. Permitida.
—Entiendo.
Comió despacio. Yo me senté en una silla frente a él y abrí una galleta, más por nervios que por hambre. Durante un rato solo se escuchó el sonido de la cuchara y la ciudad al otro lad