Sofía apareció a mi lado, apoyada en el marco de la puerta.
—Uy. La granada emocional salió del cajón.
—Todavía no salió.
—Pero ya la estás mirando como si fuera a hablarte.
—No voy a mudarme.
—Nadie dijo eso.
—No voy a llegar como si tuviera derecho a entrar en su casa.
—Por eso puedes tocar primer