—No voy a tocarla —dije, señalando la llave.
—Nadie te está obligando —respondió Damián.
—Y no la voy a poner en mi llavero.
—No esperaba que lo hicieras.
—Y si la acepto, no significa que ya puedes hablar de vivir juntos, ni de familia completa, ni de planes grandes, ni de esos futuros que a ustede