—Gracias por venir.
—No vine por ti.
—Lo imaginé.
—Vine porque el fósil tenía compromiso inmobiliario.
Damián soltó una risa.
—Claro.
—Muy importante.
—Por supuesto.
Lo miré alrededor.
La caja.
Los stickers.
El dibujo.
La repisa.
Nada era perfecto.
Nada parecía catálogo.
Nada gritaba dinero.
Y justa