No tiraba de él.
No lo apuraba.
No hablaba por teléfono.
Solo caminaba con mi hijo.
La imagen era tan simple que me dio ganas de llorar y de regañarme por dramática al mismo tiempo.
Me aparté de la ventana.
—Estoy bien.
Sofía soltó una risa.
—Nadie te preguntó.
—Estoy practicando.
—Tú también necesi