Mateo asintió, satisfecho.
—Eso está bien.
Sofía entró detrás, mirando todo con sospecha profesional.
—No veo cama cohete. No veo dinosaurio de oro. No veo televisor del tamaño de una pared. Estoy confundida.
—Te dije que era sencillo —dijo Damián.
Sofía señaló la repisa.
—Ese letrero está tor