—En sus marcas —dije—. Listos… ¡ya!
Mateo salió corriendo.
Damián lo siguió.
Bruno iba rebotando en la mano de Mateo como si estuviera teniendo el peor viaje de su vida. Damián corría detrás con el huevo-pelota, intentando no parecer demasiado competitivo. Le salió mal.
—¡No corras como señor de gim