El martes llegó con una cosa peligrosa.
Expectativa.
Y yo odiaba la expectativa.
Porque la expectativa era esa cosita traicionera que se sentaba en el pecho de una y empezaba a preguntar cosas como: “¿Y si sí viene?”, “¿Y si cumple?”, “¿Y si esta vez no te falla?”.
Muy imprudente.
Muy falta de ofici