Damián palideció.
Y ahí supe que había dicho demasiado.
Pero ya estaba hecho.
El silencio se abrió entre los dos, grande y brutal.
—Entonces era eso —susurró.
No respondí.
Él tragó saliva.
—La carta decía que estabas embarazada.
Me abracé a mí misma, como si pudiera sostener los pedazos de mi cuerpo