—Mamá —dijo él—, ¿me estás escuchando?
Parpadeé.
—Sí, mi amor. Liderazgo y ranas. Muy fuerte tu propuesta.
—Y dinosaurios.
—Por supuesto. Sin dinosaurios no hay futuro.
Él pareció satisfecho y volvió a su desayuno. Sofía me observó por encima de la taza.
—Tienes cara de mujer que está pensando demas