Mateo me miró de pronto.
—Cuando papá en prueba encuentre lo que busca, ¿va a sonreír?
Me quedé quieta.
—No sé.
—¿Y tú?
Ay, mi niño.
Qué puntería tan cruel tenía a veces sin saberlo.
—Tampoco sé.
Mateo pensó un momento.
—Entonces hay que guardar galletas.
—¿Para qué?
—Por si la sonrisa necesita ayud