—Quiero protección —dijo Isabela apenas empezó.
La abogada, una mujer que no parecía tener paciencia para dramas con pestañina cara, la miró sin pestañear.
—Eso ya lo dijo. Ahora entregue información útil.
Isabela apretó la boca.
—Mi declaración debe quedar registrada formalmente. Quiero que conste