17.
El mensaje de Renata no sonó como una advertencia. Sonó como una mano fría metiéndose por debajo de mi puerta.
Lo leí una vez. Luego otra. Después una tercera, como si las palabras fueran a cambiar si las miraba el tiempo suficiente. Pero no cambiaron. Seguían ahí, brillando en la pantalla del celular con esa crueldad elegante que Renata sabía usar incluso sin estar presente.
Puede correr todo lo que quiera, Valeria. Pero la sangre siempre encuentra el camino de regreso a su apellido.
Sentí náu