Capítulo 30: Llamas inexistente.
Al llegar a su casa, los encontré a los tres reunidos alrededor de la mesa del comedor.
—Buen día, familia —saludé, mientras mi madre se acercaba para abrazarme con efusión.
—¡Mi Leonardo! —exclamó ella con alegría, aunque su expresión pronto se tornó más seria.
—¿Qué pasa? ¿Por qué tanta seriedad? —pregunté, anticipando que se avecinaba una conversación seria.
—No seas dramático, Leonardo. Siéntate, tenemos que hablar seriamente —mencionó mi padre, conocido como el gran señor Ruiz, dueñ