Marta se queda mirándolo fijamente, sin poder creer que le haya dicho justamente esas palabras que ella quería escuchar. Lo ve que está un poco nervioso, pero decidido a enfrentarlo todo por ella, corre a estrecharlo entre sus brazos y llenarlo de besos.
—Gracias Rodrigo, por decir eso, no sabes cuánto he sufrido todo este tiempo. También me gustas desde la primera vez que te vi, pero nunca me miraste.
—Eres la hija de mi jefe, y esto que hago, es lo primero que no debo hacer.
—No importa, h