Nunca antes había tenido sangre en mis manos y mucho menos un cadáver, grité asustada pidiendo que me quitaran el cuerpo de Magdalena, unos brazos me sostuvieron cuando me quitó a mi madrastra de encima.
—¡Ah¡… ¡sueltame desgraciado!...
—¡Oye, oye!...
Desesperada terminé arañando la cara del sujeto que le disparó a Magdalena, caí sentada cuando me soltó y sus quejidos de me hicieron familiar.
—Vaya que me extrañaste mucho.
—¡Leo!... —me levante de inmediato para abrazarlo, pero había olvidado s