apitulo 6. La huida
Amaranta se había bebido la pastilla del día siguiente con muchos nervios. Tania la observaba un poco más relajada por haberse "encargado" de la situación.
—No puedo creer que hicieras algo así con un esconocido— susurra— no te creí capaz de hacer nada.
—Yo no sé que pasó— se acaricia la cien— fueron demasiados shots y cerveza.
—¿Llevas escondiendo esa parte de tu todo el tiempo o qué?
—Nunca me había completado así, Tania.
—¡Lo sé!— exclamó— solo quiero entender.
Amaranta comenzó a recordar a