Julia empujó la puerta y lo encontró sentado en el sofá, con su esbelta figura cubierta por una bata.
—¿Qué estás haciendo aquí?—Andrés, al verla tan bien vestida, pensó que quizás venía a reconciliarse.
La mirada de Julia cayó en la faja que él llevaba en las piernas. —¿No dijiste que hoy íbamos a divorciarnos?
Andrés frunció el ceño. —Parece que no puedes esperar, ¿verdad?
Julia no dijo nada, simplemente esperó en silencio.
Andrés sonrió irónicamente y llamó:
—Javier.
—¿Señor, me necesitaba?—