Ella seguía riendo.
Julia la agarró del cuello de la ropa. —Cristina, ¿qué le dijiste exactamente a mi padre ese día? ¿Vas a hablar o no?
—No lo diré —Cristina sonrió con sangre en la comisura de los labios.
—Bien, si no hablas, ¡te mataré! —Julia había perdido el control, consumida por un odio salvaje.
La arrastró hasta la barandilla y le empujó la cabeza hacia abajo. —¿Vas a hablar?
Las pupilas de Cristina temblaron de miedo y su voz se quebró: —Julia, el asesinato te llevará a prisión. Si me