Al día siguiente. Julia despertó con una extraña calma.
Andrés abrió la puerta y, al verla cambiándose de ropa, se apresuró a detenerla. —¿Por qué te has puesto ropa de calle? ¿A dónde piensas ir?
Ella se volteó, como si hubiera dejado atrás todas sus emociones negativas, mostrándose extremadamente serena. —Ya llevo más de diez días hospitalizada, puedo darme de alta.
Andrés no sabía por qué, pero sentía algo extraño en ella. La observó con atención.
Su largo cabello negro era de un color puro e