—¿Por qué? —preguntó ella, mirándolo con sus ojos oscuros como la noche.
No vio ninguna señal de dolor en su rostro cuando él respondió suavemente:
—No deberíamos tener hijos.
Él no dio más explicaciones. Julia sintió ganas de reír por lo absurdo de la situación, pero no pudo. Una sensación de desesperación comenzó a arrastrarse lentamente desde lo profundo de su corazón. Lo que la llevó al borde del abismo fue cuando el doctor trajo el formulario de autorización para la cirugía. Andrés lo tomó