—Entonces, ¿cómo...? —Julia estaba confundida.
Emilia se rascó la frente y explicó con resignación: —¿Recuerdas que me emborraché el día que rompí el compromiso? Pues... con él...
—Eso lo sé —Julia asintió—. ¿Acaso quedaste embarazada ese día?
—Sí —Emilia confirmó—. Al principio pensé en abortar, pero necesitaba la firma de un familiar. No me atrevía a decírselo a mis padres, así que le pedí a él que firmara, pero se negó...
—¿Él quiere que tengas al bebé? ¿Y tú aceptaste? —Julia estaba aún más