Justo cuando ella pensaba fingir lástima, Andrés ya había perdido la paciencia y apretó sus dedos con más fuerza, haciendo que su rostro palideciera.
—¡Hablaré! Hablaré... —Bianca no podía respirar, su cara se estaba poniendo morada.
Justo cuando estaba a punto de asfixiarse, Andrés finalmente la soltó. Bianca cayó al suelo, cubierta de sudor, en un estado lamentable.
Andrés la miró desde arriba, sin ninguna expresión en su rostro.
—¿Dónde se esconde Gael?
Bianca se cubrió el cuello y respiró un