—Ese es tu problema —dijo Andrés con frialdad.
Alicia no podía creerlo. Le había contado todo a Andrés, ¿por qué seguía siendo tan despiadado? Sacudió la cabeza, con el rostro lleno de lágrimas:
—Andrés, te ruego que me ayudes...
Intentó acercarse de rodillas, pero Andrés ya había llamado:
—¡Que venga alguien!
La puerta de la habitación se abrió y Javier entró con dos guardaespaldas, que sacaron a Alicia. Julia seguía de pie, aturdida, junto a la puerta. Andrés se acercó, la rodeó con el brazo y