—Sí... —respondió él en voz baja—. No entres, vete rápido...
Incluso en este momento, él seguía pidiéndole que se fuera.
Julia, llorando, dijo:
—Andrés, ¿cómo estás ahora? ¿Puedes aguantar?
—Estoy un poco cansado —su voz sonaba extremadamente ronca.
Julia no pudo evitar imaginar la escena de él tendido en un charco de sangre. Ni siquiera se atrevía a seguir pensando en ello. Sacudió la cabeza para alejar esas imágenes sangrientas y dijo con angustia:
—¡Andrés, resiste! La policía especial ya ent